Cuartos de final en Indian Wells (ATP)

 

Djokovic v Almagro: Toqueteando el interruptor ante Andújar, Novak se vio extendido a un innecesario tercer parcial. Esa periódica ausencia de intensidad, al margen de minutos adicionales de partido, permitió contemplar dos cosas: su capacidad para haber ganado cómodamente el encuentro (2 juegos cedidos en los parciales cerrados) y su habilidad para abrir grietas en cada rasguño (convirtió todas -5- las bolas de rotura de que dispuso). Jugó a ratos y eso le hizo jugar un buen rato –más de dos horas sobre el cemento-. Precisamente tiempo es lo que requiere el prolongado swing de Almagro y eso es lo que le aporta el ralentizado suelo californiano –en circunstancia similar a un Abierto de Australia donde ha alcanzado la segunda semana las últimas tres temporadas- respecto a otros asfaltos. Presente por primera vez en los cuartos de final del primer Masters 1000 del año, el progreso ya está hecho.

Como muestra de la distancia sobre el firme, sin embargo, una mirada al expediente. Si Almagro lograba ante Berdych la primera victoria de su carrera sobre un top 10 en pista dura, Djokovic cuenta en su palmarés con los últimos tres Grand Slam disputados en la superficie. Especialmente agresivo y acertado en octavos de final, el español necesitará dar un paso más allá en términos de precisión y paciencia ante un jugador cuya cobertura lateral y argumento de resto superan ampliamente a las presentadas por el checo. De menos a más conforme avanza la quincena y tras culminar una venganza deportiva tras el incidente del Abierto de Australia, el murciano puede llegar al duelo con confianza renovada. Algo que no ha estado presente en esta rivalidad hasta la fecha: una colisión donde a lo largo de cuatro sets Almagro ha sido capaz de recolectar únicamente ocho juegos. Más limitado en el apartado físico y con un libro táctico más delgado, el español presenta predilección por la clausura de los puntos con escaso margen de error, en contraste con la alcalinidad de un rival cuya capacidad de sudor y versatilidad de desempeño permite optar con menos frecuencia por el filo de la navaja. El hecho de que Almagro jamás haya batido a un oponente del estatus del serbio puede jugar un factor capital en el partido.

Isner v Simon: Esta colisión presenta el antagonismo hecho tenis. Dos deportes bajo el corsé de una misma disciplina. Dos caminos tan ciertamente válidos como diametralmente opuestos. John, apología de la insistencia. Gilles, vindicación de la resistencia. El ataque contra la defensa. En suma, acción contra reacción. El único precedente de este heterogéneo duelo se remonta al pasado US Open. Allí, arropado por la grada y guiado por su imponente servicio, John decidiría su suerte a lo largo de cuatro parciales cerrando tres tiebreaks. El desequilibrado balance en esas muertes súbitas (21 puntos del estadounidense por 8 del galo) muestra la importancia de ser breve en momentos de tensión. A más impactos, más opciones de errar. Isner, sin embargo, concentra toda la adrenalina en un solo golpe. Fía el destino a un movimiento repetido hasta la saciedad. Una mecánica adherida al tuétano que florece cual superviviente instinto. Mientras la táctica de su espigado enemigo consiste en perforar corazas, Gilles abre camino a través de la erosión. Como el agua horada el suelo hasta formar el río, Gilles tortura al oponente en cuerpo y alma dejándose las suelas tras la línea. Carente de un tiro con el que desbordar al adversario, encuentra su golpe ganador en la voluntad de seguir remando. Si la defensa es suficientemente sólida, obligará al rival a trazar una sacudida de dudosa garantía de éxito. Drenar el ánimo ajeno. Aguantar hasta hacer desesperar.

Conocedor de sus limitaciones, Isner rara vez pisará terrenos donde tenga la certeza de no poder avanzar. Condenado a penar en intercambios prolongados, no dudará en forzar la máquina antes que sumar errores forzados. Así, tenderá a la temprana agresividad en los juegos al resto. Renunciar a una batalla perdida por jugar a la ruleta. Sustituir el fracaso garantizado por una posibilidad de éxito. Al resto cerró la tercera ronda ante Mónaco. Con un game de devolución selló, adicional sorpresa, el segundo punto de Copa Davis ante Federer. Suele decirse que dos no pelean si uno no quiere e Isner, para bien o para mal, empleará poco tiempo en resolver cada trifulca.

Del Potro v Federer: Destinado a recorrer una tortuosa senda en California, el argentino tropezó con una inesperada piedra en el camino. Ausente Ferrer, tocaba Istomin. Habiendo cerrado diez sets sin ceder un saque se dejó dos servicios en dos mangas. No obstante, lejos de cualquier drama, no tardaría en dar salida a su derecha para enderezar la nave en el tercer parcial. Afectado por proceso vírico –ajeno al presente en el valle, según cuenta el propio suizo- Federer, antes de llegar a los cuartos de final, ha jugado sets finales en dos ocasiones en un torneo que no corona desde 2006. Concretamente ante Raonic y Bellucci. Especialmente cerca del precipicio caminó en el último encuentro, afrontando al saque un 4-4 0-30 en el parcial definitivo. Al igual que Del Potro, manejó con entereza las emociones. Dibujando cuatro servicios majestuosos en una fase crítica, cabeceó la espada que pendía sobre su cabeza. Una habilidad que separa a los buenos jugadores de los grandes campeones. Ganó el partido en el siguiente juego.

El hombre que osó probar la Gran Manzana del suizo, como en pasaje bíblico, Del Potro ha venido pagando el haber mordido el fruto prohibido. Tras la operación de muñeca ha sido incapaz de arrebatar siquiera una manga al helvético. Los últimos nueve parciales disputados entre ambos han caído del lado del tenista de Basilea. Incluyendo las tres batallas (Melbourne, Rotterdam, Dubai) libradas en 2012. La última cruzada, sobre el erial pérsico, fue la más reñida. La última guerra, virgen de roturas o grandes peloteos, se disputó sobre una superficie notablemente más rauda que la californiana. En ella, primada la violencia del impacto, el martillo argentino perdonó hasta cuatro bolas para haber forzado un tercer parcial. En un piso más lento, sin embargo, el servicio debe resultar menos terminal y la construcción tras la línea presentar mayor incidencia. Más ágil que su oponente en el desplazamiento, se antoja importante para Roger hace correr al espigado argentino. Agravar el kilometraje en las piernas del gigante. Portador de una envergadura capaz de traer la noche, Juan Martín puede cubrir con facilidad un amplio espectro de pista –más aún en un cemento ralentizado- pero perderá enteros siempre que no golpee bien clavado al suelo. El empleo de golpes cortados, habituales en Roger para retorcer el corpachón del tandilense, pudieran tener una presencia frecuente en el duelo.

Nalbandian v Nadal: Hasta el momento, nadie ha rendido con más solvencia que Nadal en Indian Wells. Hasta el momento, sin embargo, nadie ha testado realmente al balear. Es, junto a Isner, el único jugador que no ha cedido un parcial camino de los cuartos de final. Siquiera ha perdonado un juego al servicio en su ruta hacia el antepenúltimo peldaño. Tras tres partidos, nadie le ha arrebatado más de cinco juegos. Lejos de la competición desde el Abierto de Australia, el doble campeón de Indian Wells puede ser el jugador más fresco a nivel mental y físico del cuadro. Está por ver. Enfrentado a Nalbandian lejos de Grand Slam por primera vez en casi dos años, Rafa siempre ha sufrido en duelos a tres mangas ante el cordobés. Este mismo escenario, en la temporada 2009, asistió al punto de inflexión en esta rivalidad. Antes de sellar su primer triunfo sobre Nalbandian, Nadal remó para salvar hasta cinco bolas de partido en el segundo set, escapando una y otra vez de las fauces del argentino antes de inclinar la balanza por lo físico en el parcial definitivo. En Miami 2011 David volvería a llevarse el primer set y en el pasado US Open llegaría a servir para anotarse el primer parcial ante Rafa. Un incordio constante mientras aguanta la pelea física.

El argumento de Nalbandian encaja cual pieza de puzle en la estructura de Nadal. Las virtudes más brillantes del argentino rellenan cada hueco –o área menos sólida, si se prefiere- de la coraza del balear. Un aglutinador de talento coronado por un fabuloso revés a dos manos y unas destrezas al resto referencia en la disciplina. El primero, puede forzar a Nadal a golpear la derecha sin buen apoyo –se defiende mejor con el revés en estas circunstancias-. El segundo, absorber la iniciativa de un servicio con más colocación que potencia. Notablemente más susceptible ante pérdidas de concentración que un Nadal de habitual desempeño lineal, cualquier pequeño lapsus puede resultar fatal ante un tenista sideralmente más sólido que Tipsarevic o Tsonga. No obstante, haber cosechado dos victorias consecutivas ante miembros del top 10 podrían haber fortalecido la confianza y la concentración del astro argentino.


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