Batallas en Melbourne: Día III

Tomic v Querrey: Tras la prematura eliminación de Stosur y con un bregador Hewitt que despierta más nostalgia que expectativas, Bernard pasa a concentrar una amplia mayoría de los focos de esperanza local. Inmerso en lucha encarnizada a cinco sets con Verdasco, el joven australiano anduvo desconectado durante las dos primeras mangas. Llegó, según dijo, a simular desidia para confiar al rival en el arranque del tercero. Verdad o no, esta pasividad implicó un pulso de más de cuatro horas. Un plan más destructivo que constructivo. Pese a la victoria. Querrey, siempre renqueante en cuerpo y/o alma, se antoja víctima propicia para hacer pronto los deberes. De nuevo ubicado en la Rod Laver Arena. Esta vez en turno de noche. Escenario y momento en que Tomic ha jugado sus mejores partidos en Melbourne. En 2010, apretando a Cilic –posterior semifinalista- hasta el quinto parcial más allá de las 2 de la madrugada. En 2011, haciendo sudar a un esforzado Nadal. Hoy es más maduro y enfrenta un rival menos fiero.

Berdych v Rochus: Reciente finalista en Auckland, Olivier demostró en el evento neozelandés una admirable capacidad de supervivencia, cerrando el puño tras larguísimos duelos donde fue acribillado a aces. Desplegando lo que él mismo calificó como el mejor tenis de su vida, no experimentó nada que no vaya a encarar en un duelo a cinco mangas ante Berdych. El checo, poderoso al saque y de estilo más explosivo, pudiera aprovechar la reducida envergadura de su adversario para incomodarlo con servicios abiertos y manejar con soltura los intercambios cortos. Más potente de lo que su anatomía sugiere aunque carente de un gran servicio, el belga –dotado de mayor movilidad- podría llevar la manija en rallies más prolongados hasta desarbolar a un pausado Tomas en el fondo. Propenso a catástrofes en Grand Slam, Berdych no debiera confiarse. Rochus, con precedentes recientes –quinto set con Djokovic en primera ronda de Wimbledon 2010- y en dinámica positiva, podría no arrugarse.

Isner v Nalbandian: Favorecido por la retirada de un Nieminen asfixiado por los viajes, David llega al duelo sin un test serio en las piernas. Versado en la construcción de ángulos, será una virtud a explotar ante un rival embutido en un corpachón que tartamudea al ser desplazado más allá de la primera palabra. Habitualmente achacada una mejorable forma física o mayor fortaleza mental en competición, el argentino podría necesitar optimizar ambos lunares ante un jugador que cuenta en su haber con la victoria en el partido más largo de la historia. Uno de los grandes restadores de la disciplina, se comenta que el argentino sufrió para leer el servicio de Raonic durante las prácticas de la semana. Menos imponente pero igualmente temible en la apertura del intercambio, John puede poner a prueba las devoluciones del sudamericano e imprimir una terrible presión en sus servicios derivada del escaso margen de error. Es previsible un duelo de alta igualdad con un número bajo de roturas. En ese escenario, ¿se impondrá la monodimensionalidad perenne del estadounidense o la versatilidad caduca del argentino?

Wawrinka v Baghdatis: Si alguien se ve atraído por el drama, ésta puede ser una colisión que satisfaga sus necesidades. Lejos de constituir un modelo de fortaleza mental, ambos jugadores son susceptibles de atravesar marcados baches de juego durante el encuentro. Lejos de representar un paradigma de regularidad deportiva, ninguna ventaja puede darse por definitiva y es previsible una batalla de alternativa constante. En medio, una contraposición de estilos con bellos gestos técnicos. Stanislas, una versión más conservadora que apuesta por el desgaste, posee uno de los mejores reveses a una mano del circuito. Marcos, tipo de costumbres más arriesgadas que suele optar por una vía más directa desde el fondo, alberga en su colección un fabuloso golpe a dos manos. Ambos se sienten cómodos en Australia. Cuartofinalista el suizo, pisa un ritmo medio ideal para alargar las batallas. Finalista el chipriota, siente como suelo patrio un terreno repleto de familiares. En ningún otro Grand Slam llegaron más lejos.

Dimitrov v Almagro: Separados por 68 plazas en el ranking, la clasificación sugiere una diferencia más amplia que la existente entre ambos jugadores –especialmente sobre pista dura-. El murciano, único top 30 incapaz de alcanzar una final sobre dicha superficie, debe su actual estatus fundamentalmente a logros sobre arcilla. Habituado a no ser desbordado en el mencionado suelo, tiende a precipitar la construcción del punto al verse superado sobre firmes más rápidos. Un rival de estilo elegante y tiros limpios como el búlgaro podría acentuar esta negativa propensión en el español. Habiendo incorporado potencia de forma gradual a su repertorio, además, es previsible que Grigor tenga presencia sobre/por delante de la línea en buena parte de sus puntos al servicio. Novato en Grand Slam, enfrenta a un jugador de corto expediente en ese sentido. Debiera contemplar la victoria dentro de su ángulo de tiro.

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