Mardy Fish: Cuando menos es más

Mardy Fish of the United States plays a backhard in his quarter final match against Bernard Tomic of Australia during day five of the Rakuten Open at Ariake Colosseum on October 7, 2011 in Tokyo, Japan.

22 de agosto de 2010. Cincinnati. Bajo los tenues rayos de un soleado día, la grada estadounidense contempla la transformación definitiva de uno de sus retoños. Un hombre que viene de firmar títulos consecutivos por primera vez en su expediente. Un jugador que llega a Ohio tras registrar la racha de victorias más amplia de su carrera. Un atleta, ocho horas de competición en tres días, que exige a Federer en una de las finales a 3 mangas más largas que se le recuerdan sobre suelo duro.

A pesar de la derrota, Mardy puede alzar el mentón y liberar el alma. Próximo a cerrar el verano ha comprobado algo. A punto de cumplir 29 primaveras, el cuerpo le da para cosas inimaginables hace apenas un puñado de meses. Un cuerpo que justo un año atrás, en agosto de 2009, diría basta antes de encarar los grandes puertos de su amada gira americana. Una lesión de rodilla lo retendría durante largo tiempo en el dique seco. Árido emplazamiento donde se empaparía de las razones de su malogrado físico.

Hay lesiones que cercenan carreras. Etéreos adversarios que obligan, en doloroso ejercicio, a enfocar la mente hacia nuevos horizontes. El refrescado anhelo de Mardy, cuatro meses impedido tras pasar por quirófano, lo constituía la renovación deportiva. Ser sincero con uno mismo, un buen punto de arranque. “Me lesioné por no haber sido un profesional. Por falta de ética de trabajo. Por no tener disciplina”. Priorizar la condición física, restar números a la báscula, el pilar fundamental para lograr el objetivo. La máxima, en boca de su fisioterapeuta Christian LoCascio, cristalina: “Cuanto más peso seas capaz de perder, más pronto volverás a las canchas y más probable será que allí permanezcas”.

En compañía del especialista –mudado a Los Ángeles junto a Mardy durante tres meses con el objeto de trabajar de sol a sol- llevó a cabo la rehabilitación, tratamientos y largas sesiones de ejercicios en la piscina de waterpolo de la UCLA. Unido ello a cambios en el régimen alimenticio -nada de alcohol, bebidas de cola, productos grasos,… habituales en su anterior dieta-. Cualquier esfuerzo era poco para liberarlo del cepo competitivo al que estaba sometido.

Un lastre anatómico con especial incidencia sobre su superficie fetiche. El piso duro, si bien permite resbalar, constituye un terreno de elevado sacrificio en el plano físico. Sin alcanzar, obviamente, los niveles de deslizamiento de la arcilla, la articulación absorbe buena parte de la energía generada en la frenada tras el desplazamiento. A nivel profesional, los cuerpos son expuestos a una exigencia extrema. El sobrepeso, claro, suponía una carga adicional al notable trabajo articular requerido. Su erradicación, entonces, se convirtió en una prioridad para un Mardy deseoso de evolucionar deportivamente.

“Mi objetivo era regresar siendo un mejor jugador que cuando me marché. Ahora soy más fuerte, estoy en mejor forma y me muevo mejor”. Despojado de notables lastres físicos –sus informes médicos indican una pérdida de peso cercana a los 14 kilogramos y una reducción de grasa corporal del 21% al 7%– el estadounidense presenta una silueta deportiva estilizada. Esta rehabilitación morfológica ha dado paso a un deportista notablemente más fino, perceptiblemente más ágil, claramente más resistente.

Para un jugador especializado en superficies rápidas, la explosividad de piernas se antoja requisito capital para maximizar los frutos de su talento. Como virtuoso del juego en red, además, portar un desplazamiento enérgico resulta necesariamente inherente para alcanzar con premura áreas de pista donde ejecutar las voleas con garantías de éxito. Portador de una carrocería más liviana, su perfil corporal comienza a engarzarse con su perfil de juego. En el abanico armado del tren superior ha añadido, a un primer servicio y un revés a dos manos brillante, ligeras mejoras al ‘debe’ que reside en su derecha.

A diferencia del conformista talento de antaño –“a veces me dejaba ir un mes o dos tras un buen resultado” reconoce con reseñable sinceridad- ha mostrado una renovada capacidad para mantener niveles competitivos de manera sostenida. El punto de inflexión parece claro. Trece finales en sus diez años como profesional antes de la lesión. Siete duelos por el título en los dos cursos posteriores.

Retirado en los dos últimos torneos disputados (Basilea, París-Bercy) debido a un problema de isquiotibiales en su pierna izquierda, la condición física del estadounidense es una incógnita. Único debutante en 2011, otra interrogante la constituye su desempeño entre una élite de la que forma parte pero de la que no se cree miembro. “Todavía no siento que pertenezca a ese grupo”. El segundo jugador más veterano del cuadro, apenas unos meses más joven que Federer, alberga la ilusión del recién llegado. Londres le recibe con alfombra de cemento para dar rienda suelta a su estilo directo. Ocupando el vagón de cola en los pronósticos, nada que perder y todo por disfrutar.

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