Tomas Berdych: Acechando en la sombra

9 de octubre de 2011. Pekín. Diamond Arena. Un hombre alza los brazos al firmamento chino en acto reflejo ya olvidado. Investido de aura triunfal, pura mezcla de liberación y remordimiento, un apretón de dientes precede a un sonoro bramido. Una descarga de adrenalina que retumba por las entrañas del recinto. Un pabellón que, tallado en forma de piedra preciosa, anda de estreno. Un diamante en bruto, ironía del circuito, como el campeón recién coronado. La desproporcionada e irreverente algarabía de la grada asiática no soterra un pensamiento: ‘Esto no me vale. Soy algo más que un recolector de setas. No puedo basar mi carrera en conquistas de otoño’.

Quince meses después de firmar una gesta multi-superficie en los templos de primavera-verano (final en Miami, semifinal en Roland Garros, final en Wimbledon), Berdych sigue siendo el mismo. La esperanza de ver explotar al gran talento oprimido de Europa se desvanece con el paso del tiempo. Ni un título desde aquella memorable quincena londinense donde se erigiera en el primer hombre capaz de apartar a un Federer campeón de un domingo sobre el sagrado pasto. Siquiera una final sobre la que cimentar los pasos dados. Estancamiento. El éxito no le ha cambiado y, a pesar del dicho, esto no siempre es positivo. De nuevo, adherido a su figura, aparece el paradigma de ilusiones frustradas. A su favor, un punto de consistencia adquirida: 7 semifinales y 7 cuartos de final en el presente curso. En su contra: 14 pasos en falso a la hora de la verdad. La historia rinde culto a los campeones. De los finalistas, dicen, nadie se acuerda. Mucho me temo que los semifinalistas no tengan un lugar reservado en los libros.

El checo, aspirante a todo y candidato a nada, es un tenista imprevisible. Un elemento incómodo a evitar en los cuadros. Una amenaza constante con la que nadie cuenta pero que todos temen. Capaz de surgir de entre las sombras y dar un zarpazo a la élite antes de retornar a su habitual ostracismo. Únicamente dos victorias sobre el top 5 desde julio de 2010 -cenit de su espejismo- así lo atestiguan. Murray, en la mejor racha de su carrera, lo sufrió en Bercy. Federer, sobre su suelo duro predilecto, pereció en Cincinnati.

Su título en Pekín puso fin a la abstinencia más prolongada del actual top 25. Nada menos que 29 meses sin apretar el puño. Cerca de dos temporadas y media sin completar una semana perfecta. Un total de 56 torneos sin poder prometer, micrófono en mano, la defensa de la corona al año siguiente. Una incógnita de magnitudes claras sobre la que resulta casi utópico establecer predicciones. No obstante, el checo puede llegar a orillas del Támesis con ciertos puntos de moral en la bolsa.

Como último hombre capaz de llevarse el índice a los labios ante Federer sin ceder un parcial, el checo tiene crédito para abrir grietas a cualquiera en una tarde de inspiración. A diferencia de 2010, además, es de esperar que Berdych arribe a Londres con confianza en el brazo. Tras un aceptable bagaje de resultados recientes, Tomas llega con inercia al tramo final del año, nunca en plena desaceleración. Junto al mencionado título sobre suelo chino hay que sumar su primera victoria bajo techo sobre un top 5 –al tumbar a Murray en Bercy- de los últimos 5 años. Dos barreras de largo recorrido recientemente derribadas. No se le espera pero no se le descarta. Presión justa con armas de sobra. Efervescente combinación.

Por otro lado, queda el apartado relativo a la velocidad de la pista londinense. En mitad de un proceso involutivo de cara al espectáculo de este deporte, el suelo del O2 Arena experimentó en 2010 una apreciable ralentización con respecto a la campaña anterior. Si la tendencia continua –a menor velocidad, bote más alto-, un tenista espigado como Berdych podría encontrar con cierta regularidad la bola en su área cómoda de golpeo. Lejos de la excelencia en el desplazamiento y adoleciendo de un mejorable revés, un suelo de velocidad media-alta le otorgaría más tiempo en la reacción, permitiéndole cubrirse con su poderosa derecha el ala señalada. Su abrasivo servicio y ofensiva de segundo golpe deben de jugar un papel capital en sus opciones.

Teniendo en cuenta que la pista de Bercy, a petición de los jugadores, ha sido ralentizada para aminorar la diferencia de ritmo respecto a la superficie londinense, esperamos una pista de las características mencionadas con las citadas repercusiones en el juego de Tomas. Cuando menos, peligroso.

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