Novak Djokovic: La presión al hombro

26 de noviembre de 2010. Djokovic abandona el O2 Arena con cinco juegos en la bolsa. No importa. Holgado marcador, liviano correctivo de procedencia helvética para un hombre que no existe. Presente Novak en cuerpo pero ausente en alma, sus ojos ven Londres pero miran a Belgrado. La capital británica, en juego un cetro conquistado, es importante pero no decisiva. La urbe serbia, hambrienta de un hito nunca logrado, copa toda la atención. En la urbe serbia, claro, el componente nacional es decisivo. Y en la urbe serbia, volcada para la ocasión, termina por gestarse lo que en su momento fue calificado como el mayor éxito en la (corta) historia deportiva del país balcánico.

Djokovic, dos triunfos incontestables, lidera la conquista de la Copa Davis. Serbia obtiene peso en el panorama masculino. Novak, un espaldarazo deportivo de los que marcan puntos de inflexión. En fase de expansión, el serbio -aletargado tiempo atrás por factores alérgenos- modifica su régimen alimenticio. Con cambios sustanciales en el bolo. Pasa de ingerir gluten a tragar leyendas.

Melbourne, Dubai, Indian Wells, Miami, Belgrado, Madrid, Roma, Londres, Montreal y Nueva York. Palmareses que pasan por calendarios de temporada. Actuaciones que guardan la mejor apertura de año de la Era Abierta. Senderos de gloria que hacen saltar por los aires una dualidad incontestable hasta la fecha. Para rebasar lo histórico es preciso rozar lo legendario. Novak se detiene en el tiempo mientras la naturaleza sigue su curso. Se despiden las nieves, brotan las flores y abren las piscinas antes de que el serbio rumie –allá por junio- el primer polvo de la temporada.

En recorrido memorable, despedaza titanes ignorando el ayer. Desafiando la narrativa del pasado reciente, se abre paso a machetazos entre dos juncos de cariz eterno. Y en insaciable insurrección, reconstruidos alma y cuerpo, desdienta una férrea cremallera que ha convertido en cosa de dos el derecho a sonreír en los últimos años. Portador el brazo de todos los tiros del manual, dibuja trayectorias mortíferas paso previo a recolectar estertores.

Novak es un competidor renovado en todas las áreas: físicamente más resistente, mentalmente más estable, técnicamente más completo. Un tenista de pulso firme, emociones reprimidas y cercano a la traza simétrica. Sin agujeros aparentes.

En esta reinvención deportiva, la cabeza torna en el mejor golpe del serbio. Otrora un marasmo competitivo, de pronto es capaz de triturar una mente pensada indestructible. Antaño propenso a embarrar la rodilla ante el atisbo del caos, ahora yergue el torso dispuesto a enfrentar cualquier envite. Y el otrora muñeco de trapo movido por hilos de remordimiento, pasa a erigirse en feroz guerrero con memoria de un punto. Acallada la conciencia, apartados los miedos, gozan sus dudas de existencia efímera. Secado al unísono con el sudor, el titubeo encuentra la tumba en cada encuentro con la toalla.

‘Mi objetivo es ser número uno, pero mi sueño es ganar Wimbledon’ se decía el serbio tras el primer zarpazo sobre arcilla. Clavada la estaca en un terreno prohibido, orienta su mirada a coronar la montaña en el jardín sagrado. Ambición por alcanzar lo efímero, aspiración por conquistar lo eterno. Con trabajo, se dice, se alcanzan las metas. En ocasiones, cuentan, las ilusiones se cumplen. Todo queda archivado en una misma tarde de julio londinense. El objetivo se refuerza meses después ganando en Nueva York. De nuevo sobre Nadal. De nuevo sin necesidad de llevar la lucha a un parcial definitivo.

Autor de una temporada destinada a figurar en papel desgastado, el balcánico retorna a Londres arrastrando pesados legajos. Es el peaje a pagar por una temporada de excesos. Las muescas del éxito sin pausa erosionan un físico carente del descanso necesario. Sus paradas, aunque bien ubicadas, no suplen al desgaste acumulado. Su cuerpo, exprimido al extremo, ha dicho basta en los últimos tres torneos. Belgrado, Basilea y París (retirada, derrota y renuncia) han probado el poso de un caldo elitista. Espalda y hombro, grietas abiertas en una silueta ya perpetua, anticipan un aliento terrenal. Novak suda y sangra como todos. Novak, primero al cerrar el año, será también el primero en rendir cuentas en 2012. Y Novak, presente en cuerpo pero ausente en alma en 2010, llega de nuevo a Londres con más planteamientos futuros que necesidades presentes.

Una recurrente molestia articular es su Copa Davis de 2011. Otorgarle preponderancia tornó en positivo punto de inflexión la temporada anterior. La pretemporada es corta como para andar enredado con remiendos importantes.

 

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