Los cuatro elementos

Hacemos un breve repaso con lo que pondrá encima de la mesa el cuarteto de favoritos sobre la hierba de Londres.

Federer tiene el reloj en contra. El tiempo corre para todos y de ahora en adelante el Grand Slam en juego será su mayor opción de volver a levantar un grande. Es más probable que salga campeón de este Wimbledon a que lo haga a mediados de septiembre en Nueva York. Y tendrá más chances de gloria en Estados Unidos que en Australia al inicio del siguiente curso. Ha confesado que ganar otro major es uno de los grandes objetivos de su carrera. A Roger le apremia: el tiempo.

Nadal acaba de ganar su sexta corona en Roland Garros y el décimo título de Grand Slam de su carrera. Nunca ha jugado más finales a estas alturas de temporada como en 2011. Sin embargo, nunca había ganado menos títulos a estas alturas de temporada desde 2004 (cuando aún no había levantado ningún ‘grande’). Sincero o no, ha repetido en varias ocasiones que considera el ranking algo secundario. Lo que le motiva de verdad es ganar títulos y por séptima temporada consecutiva ha logrado alzar un cetro del Grand Slam. No revalidar el título sobre la hierba de Londres repercutiría negativamente en un aspecto que no le quita el sueño. A Rafael le apremia: el ranking.

Djokovic pronunció estas palabras: “mi objetivo es ser número 1, pero mi sueño es ganar Wimbledon”. Tras el histórico arranque de temporada, alcanzar el objetivo es pura cuestión de tiempo. De poco tiempo. En cinco meses de competición del presente curso ha ganado más puntos que en todo 2010. Por encima de las metas quedan los sueños. Nunca alcanzó el serbio una final de Grand Slam lejos del cemento. No obstante, hace apenas unos días quedó más cerca que nunca de hacerlo sobre la arcilla de París. Derribadas recientemente barreras hasta ahora blindadas en otras superficies (batir a Federer en Nueva York, someter a Nadal sobre arcilla), la hierba persiste como último reducto a conquistar. A Novak le apremia: la ilusión.

Murray ha perdido tres finales de Grand Slam. Ha sido incapaz de ganar un solo set en los tres partidos más importantes de su carrera. Va pasando el tiempo y los jugadores con quienes disputa la supremacía del circuito se van haciendo más grandes mientras él sigue sin lograr dar el paso. Queda como mera alternativa de peso, pero como alternativa al fin y al cabo. Hijo de una tierra que meció la cuna de este deporte y que aguarda desde largo tiempo la llegada del retoño elegido, quedar a las puertas del cielo no será suficiente para calmar la espera. A Andy le apremia: la historia.

La historia se puede cambiar, las ilusiones pueden tornar en realidad, el ranking es una carrera de fondo. Pero el tiempo queda atrás para no volver. Federer necesita este Wimbledon más que ningún otro jugador.

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